martes, 25 de mayo de 2010

Viaje a la Vida

Despierto envuelto en sábanas ligeras. La temperatura ambiental me indica que la mañana ya a avanzado bastante. Lo primero que pienso es que estoy de vacaciones, por lo que no me agobia la necesidad de levantarme. Aún no abro los ojos, pero poco a poco la conciencia vuelve a mi. No me quiero mover aún. Levanto lentamente los párpados, y lo primero que enfoco son unos hermosos ojos claros mirándome detenidamente desde el extremo opuesto de la almohada. Acerco mi rostro y la beso suavemente, murmurando "Buenos días mi amor". Luego de unos momentos para despertar completamente, me levanto, me ducho, me coloco mi mejor camisa, mis pantalones favoritos, unos zapatos bien lustrados y de una repisa tomo un pequeño frasco con letras gravadas que rezan "Diavolo". La colonia que tanto le gusta a ella, y de la cual tan sólo restaban algunas gotas. Era el momento de usarlo, pues ese era un día muy especial.
Mientras ella aún estaba en la ducha, preparé el desayuno con la mayor dedicación que pude, y dispuse todo de la manera más romántica que mi loca mente pudo concebir. Cuando se presentó ante mi, lucía aún más radiante que de costumbre, si es que podía ser. Tan bella, tan perfecta. Me acerqué y la besé apasionadamente. Desayunamos sin poder quitarnos los ojos de encima, como dos adolescentes recién enamorados.
Salimos a pasear en la relativamente fría mañana de septiembre. Recorrimos los lugares por lo que solíamos pasear cuando eramos más jóvenes. Llegamos finalmente a una pequeña plaza cerca del metro Los Héroes, riendo y jugando como es nuestra costumbre. Nunca se es muy adulto como para no poder disfrutar caminando al revés.
Nos detuvimos de pie contemplando la plaza, con una sensación de añoranza palpitando en el pecho. Ambos reconocíamos perfectamente el lugar, y ambos recordábamos perfectamente aquella tarde, exactamente 15 años atrás. Valía más que la pena el viaje hasta Chile tan solo por estar de pie ahí, juntos, recordando, justamente en ese día.
Voltié para mirarla, y ella hizo lo mismo. Nos miramos, invadiendo como siempre el espacio personal del otro, y tragandome el nudo de emoción que se había formado en mi garganta, susurré lentamente... "Feliz Aniversario Francisca"

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