jueves, 17 de junio de 2010

Countback

¡Rápido! ¡Rápido! ¡No hay tiempo! ¡No queda tiempo!
A paso apresurado, adelantó a una gigantesca mujer que abarcaba casi la totalidad del pasillo, sin estar totalmente ni a la izquierda ni a la derecha, si no que justo en medio y sin dejar espacio suficiente a ninguno de sus costados, caminando tortuosamente lento, como si disfrutara retrasando a quienes ya no debían retrasarse más.
"¡La pista derecha es para vehículos pesados!" exclamó con enojo al pasar dificultosamente por el lado d la gorda, quien ni siquiera con sus apagados refunfuños pudo alcanzar al raudo muchacho, quien en un abrir y cerrar de ojos se había perdido al dar la vuelta en la esquina de la tienda de lencería femenina.
Cruzó rápidamente por entre el mar de gente que inundaba la estación de trenes. ardiéndole las pantorrillas por el paso rápido y constante, bajó mecánicamente la escalera que se presentó ante él, casi sin darse cuenta de lo que hacía. Metió la mano en el bolsillo interior de su chaqueta y extrajo la credencial que le permitió el acceso al subterráneo. Siguió con su paso acelerado y constante, con una creciente sensación de angustia en el pecho, que le cortaba la respiración cada vez más y más... Cada dos segundos consultaba su reloj, con la vana esperanza de que el tiempo se detuviera, o por lo menos aminorara su veloz e inexorable paso ¡Pues ya no había tiempo! ¡No! ¡No!
Después de lo que pareció una eternidad, llegó al lugar de su destino, donde se encontró con su reflejo cara a cara, en los muchos espejos que ahí se encontraban. Centró su atención lejos de todo ello y clavó la mirada en dos espectaculares fuentes de luz y belleza, que resplandecían como joyas ambarinas. Con la mirada aún clavada en los ojos de la muchacha, y sintiendo un alivio abrumador, dijo con un suspiro "Perdón por el atraso Pequeña"